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Tecnología, redes e inteligencia artificial en la diabetes: ¿aliadas o enemigas?

Debutamos en años muy distintos — Vale en 2005, Cote (mamá de Amelia) en 2023 — con toda la información y la tecnología del mundo cambiando de por medio. Y aun así, hay algo que no cambió nada: lo duro que es un diagnóstico. Acá les contamos qué aprendimos sobre usar la tecnología a nuestro favor, sin dejar que ella nos use a nosotras.

Vale Cote y Amelia

1Dos épocas

2005 y 2023: dos debuts, dos mundos distintos

Vale y Cote (con Amelia) debutaron en momentos muy distintos: 2005 y 2023. En el primero, la información era escasa y la tecnología también. Había que entregarse casi por completo a las indicaciones del médico, sin mucho más dónde buscar consejos y orientación. No existían las herramientas que hoy tenemos al alcance de un celular, ni era tan sencillo encontrar a otras personas viviendo lo mismo. Muchas veces la información quedaba reducida a lo que se conversaba en la consulta médica, a algún folleto que entregaba el equipo de salud o a lo que se pudiera conseguir por cuenta propia. Y si aparecía una duda en medio de la noche, después de una glicemia inesperada o frente a una comida que no sabíamos cómo contar, había pocas alternativas para buscar respuestas. No había grupos de WhatsApp, comunidades de Instagram, videos explicativos en TikTok ni cientos de personas compartiendo su experiencia en tiempo real. Había que confiar, preguntar y esperar a la próxima consulta para resolver muchas de esas dudas.

En 2023, en cambio, la era tecnológica estaba en pleno boom. Redes sociales, blogs, seminarios online, medios digitales con noticias sobre diabetes y mucho más. Bastaba con tomar el celular y escribir "¿qué hago si...?" para encontrarse con cientos, incluso miles, de resultados. Se podía conocer la experiencia de otra mamá a miles de kilómetros, aprender de alguien que llevaba años viviendo con diabetes, encontrar recetas, apps para registrar carbohidratos, videos sobre alimentación o incluso participar en una charla online con un especialista sin salir de casa. La información dejó de ser un recurso difícil de encontrar y pasó a estar prácticamente en todas partes.

Y aunque esto puede parecer, a simple vista, una ventaja enorme —y en muchos sentidos lo es—, también cambió por completo la manera en que enfrentamos un diagnóstico. Antes podíamos sentir que no teníamos respuestas suficientes; hoy podemos sentir que tenemos demasiadas.

2Lo que no cambia

En ambos años, el diagnóstico es igual de duro

No por contar con más apoyo es más fácil, ni por tener menos estímulos y exceso de información lo es tampoco. En ambos casos implica un duelo. Un diagnóstico de diabetes no significa solamente aprender a medir la glucosa, contar carbohidratos, administrar insulina o entender qué hacer frente a una hipoglicemia. También significa despedirse, de alguna manera, de la vida que imaginábamos antes del diagnóstico y comenzar a construir una nueva rutina.

Ese duelo puede aparecer de distintas formas: miedo, rabia, pena, angustia, incertidumbre o incluso culpa. Puede aparecer el día del diagnóstico, semanas después o en momentos que aparentemente no tienen nada que ver con la enfermedad. A veces aparece cuando vemos a otros niños comer algo sin que sus papás tengan que calcular cuánto carbohidrato contiene. O cuando queremos salir de paseo y antes de hacerlo debemos pensar en el sensor, la insulina, las colaciones, las hipoglicemias, los horarios y un montón de cosas más. También puede aparecer un día cualquiera, cuando estamos cansadas y sentimos que necesitamos un descanso de una condición que no permite pausas.

Tener información ayuda, pero no elimina el miedo. Tener tecnología ayuda, pero no hace desaparecer el duelo.

Y tener una comunidad que nos acompañe puede hacer que el camino sea menos solitario, pero no significa que deje de ser difícil. Por eso hay que abordar este tema de la manera más detallada posible, para que en el día a día sí sea un aporte. Hablar de diabetes no debería quedarse solamente en explicar qué es la enfermedad: también necesitamos hablar de cómo vivimos con ella, de las dudas que aparecen, de las herramientas disponibles, de sus beneficios y de sus riesgos. Necesitamos aprender a usar la información a nuestro favor, y no permitir que la información termine usándonos a nosotras.

3Pros y contras

El exceso de información también trae riesgos

La tecnología tiene pros y contras en diabetes. Por un lado, el exceso de información genera muchas veces noticias falsas. El hecho de que cualquiera pueda subir contenido no filtra qué se sube, y eso puede llegar a la audiencia equivocada, generando incluso más temores y dudas de los que la misma condición trae consigo. Esto es especialmente delicado cuando hablamos de salud: una publicación que asegura que determinado alimento "cura" la diabetes, que cierta dieta permite dejar la insulina, o que existe una fórmula mágica para mantener la glucosa estable, puede parecer inofensiva para quien la lee, pero puede generar expectativas, miedo o decisiones equivocadas en alguien que recién está comenzando a conocer la enfermedad.

También ocurre algo mucho más cotidiano: buscar una respuesta puntual y terminar leyendo diez experiencias completamente diferentes. Una persona dice que determinada comida le dispara la glicemia, otra asegura que no le pasa nada, y una tercera cuenta que necesita una cantidad de insulina completamente distinta. ¿A quién le creemos?

La respuesta no siempre es sencilla, porque cada persona con diabetes es diferente y lo que funciona para uno no necesariamente funcionará para otro.

4Un gran aliado

Si se sabe usar, la tecnología ayuda muchísimo

Pero si se sabe usar, puede ser un gran aliado en la enfermedad y en el conteo de carbohidratos. La tecnología puede ayudarnos a registrar alimentos, guardar preparaciones, consultar información nutricional, organizar nuestras comidas, aprender conceptos nuevos y encontrar herramientas que faciliten algunas de las tareas de nuestra rutina. También puede acercarnos a otras familias y personas con diabetes que entienden perfectamente situaciones que quizás quienes no viven la condición nunca lleguen a comprender del todo.

Existen múltiples aplicaciones y plataformas con inteligencia artificial que pueden aportar información bastante cercana a la realidad tan solo analizando una imagen de tu plato de comida. Esto puede ser muy útil cuando estamos frente a una preparación que no conocemos, o cuando queremos tener una primera aproximación de lo que estamos por comer. Imaginemos un plato con arroz, pollo, ensalada y alguna salsa: una herramienta puede ayudarnos a identificar los alimentos y entregar una estimación de los carbohidratos que podría contener esa comida.

Sin embargo, también puede tener margen de error al no saber con exactitud las cantidades, el peso o la lista de ingredientes. La foto no siempre permite saber cuánto arroz hay realmente en el plato, qué cantidad de aceite se usó, si la salsa contiene azúcar o harina, cuánto pesa la porción o qué ingredientes se usaron en una preparación casera. Incluso dos platos que visualmente parecen iguales pueden tener cantidades muy distintas de carbohidratos.

Por eso, en nuestra experiencia, creemos que es un apoyo, pero que no reemplaza el saber contar carbohidratos. Cuando uno sabe, ya tiene una base para confiar o desconfiar de lo que las aplicaciones sugieren. Y esto es clave: no se trata de rechazar la tecnología ni de dejar de usar estas herramientas, sino de aprender a usarlas de manera responsable. Si una app entrega una estimación que sabemos que no tiene sentido según la comida que tenemos frente a nosotros, podemos cuestionarla. Si conocemos los ingredientes y sabemos estimar por nuestra cuenta, podemos comparar y tomar una decisión más informada.

La tecnología debería ser una herramienta, y no nuestro único recurso.

Puede ayudarnos, ahorrar tiempo y entregar una orientación inicial, pero el conocimiento sigue siendo fundamental. Mientras más aprendemos sobre nuestra propia alimentación y sobre cómo funciona el conteo de carbohidratos, más herramientas tenemos para interpretar correctamente lo que nos entrega una app, una inteligencia artificial o incluso una búsqueda en internet.

5Ojo con esto

La tecnología también puede volvernos presas

Y no menos importante: la tecnología muchas veces nos hace dejar de pensar y sentirnos presas. Hay que tener ojo con eso, porque si bien los sensores, aplicaciones, calculadoras y dispositivos pueden facilitar muchísimo la vida, también pueden generar una sensación de dependencia constante. Podemos terminar mirando una pantalla antes de disfrutar una comida, revisando una cifra una y otra vez, o sintiendo que necesitamos que una app nos diga qué hacer frente a cada situación.

La tecnología debería entregarnos tranquilidad, no quitárnosla. Debería ayudarnos a vivir mejor con la diabetes, y no hacer que sintamos que tenemos que estar conectadas a ella las 24 horas del día, incluso cuando nuestro cuerpo y nuestra cabeza necesitan un descanso.

Por eso creemos que el equilibrio es fundamental. Ni vivir sin información ni consumirla toda sin filtro. Ni rechazar la tecnología ni dejar que decida todo por nosotras. Aprender, preguntar, contrastar fuentes, conocer nuestra propia experiencia y apoyarnos en los profesionales de salud sigue siendo parte fundamental del camino.

6Contado por cada una

¿Y nosotras, qué tecnología usamos?

Como les prometimos en un blog anterior, acá les contamos qué tecnología usamos hoy cada una para el día a día con la diabetes.

Vale
📱

Casi nada de IA, y fuentes oficiales

Debuté en 2005, así que aprendí a contar carbohidratos mucho antes de que existiera todo esto. Hoy, sinceramente, no uso casi inteligencia artificial para mi día a día con la diabetes.

Si algo suelo usar son aplicaciones tipo MyFitnessPal, que se apoyan en fuentes oficiales de información nutricional. Me da más tranquilidad saber que el dato viene de una base verificada, y no de una estimación generada por IA a partir de una foto.

💡 No es que la IA esté mal — es simplemente la herramienta con la que me siento más segura después de tantos años calculando "a mano".
Cote
🤖

ChatGPT y SugarPixel

Debuté con Amelia en 2023, en pleno auge de estas herramientas, así que la inteligencia artificial ha sido parte de nuestro proceso casi desde el inicio. Las que más uso son ChatGPT y SugarPixel.

Las uso como una primera aproximación —sobre todo con comidas caseras o platos que no conozco—, pero siempre contrastando con lo que ya sé y con el criterio de nuestro equipo médico.

Dos maneras distintas de acompañarnos con la tecnología, cada una desde su propia historia y su propia relación con la información. Y eso, más que una contradicción, confirma lo que veníamos diciendo: no existe una única forma correcta, existe la que a cada una le da más seguridad.

7Para cerrar

El conocimiento sigue siendo lo que nadie nos puede reemplazar

Quizás la gran diferencia entre aquel diagnóstico de 2005 y el de 2023 no está solamente en las herramientas disponibles, sino en aprender a usarlas sin olvidar algo que ninguna aplicación, sensor ni inteligencia artificial puede reemplazar: el conocimiento y la capacidad de tomar decisiones informadas sobre nuestra propia realidad.

Aprender Contrastar fuentes Apoyarse en el equipo médico
V
C

Escrito por Vale y Cote (mamá de Amelia) — las dos detrás de SAM.

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